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Red COPOE

El largo camino

Imagen de Antoni Ramis Caldentey


El posibilismo es una actitud consistente en dejar los ideales para adaptarse a la realidad posible y actual. Desde mi perspectiva ideal (y posiblemente, la única que sería totalmente eficaz) no soy partidario del sistema orientador (y mucho menos del sistema que incluye el "psicopedagogo"). Estoy convencido de que el relativo fracaso escolar, educativo, ético, social, político y económico recientes se deben a la realidad de los sistemas respectivos. El sistema educativo adolece de una importantísima falta de profesionalidad y un gran desprecio por la misma. Nos hablan del importante fracaso escolar evidenciado en los distintos informes PISA y buscan a los culpables en los propios alumnos y sus padres, cuando los verdaderos culpables están en los sistemas educativo, político y económico.

El sistema educativo en el que ni la dirección, ni la inspección, ni el equipo educativo están constituidos por profesionales de la especialidad determinada (se quiere solucionar esta deficiencia supina mediante un/a orientador/a o psicopedagogo/a por centro, como si su existencia, mágica, a la que, normalmente, no se le permite desarrollar su función, solucionara la incapacidad profesional de todos los miembros del sistema que la posean). La inspección educativa debería estar formada por profesionales de la educación. Los centros escolares deberían tener un director administrativo y un director pedagógico (éste también profesional de la educación) y un/a psicólogo/a escolar que tuviera esta formación y ninguna otra. Y los profesores, por lo menos en todo el ámbito de la educación general, deberían ser básicamente profesionales de la educación (con la especialidad académica que se quiera, pero no a la inversa como es ahora).

El sistema político, en el mejor de los casos, nos presenta unos modelos políticos incompetentes, y en el peor, corruptos.

El sistema económico socialista fracasó por la presión externa ejercida por los países capitalistas y por la falta de celo del colectivo funcionarial interno, así como, en parte, por corrupción de algunos líderes de los respectivos sistemas. El capitalista nos ha llevado a la peor crisis económica mundial de la historia por la globalización, que individualiza grandes beneficios en muy pocos empresarios y gran pobreza en una gran mayoría de la población.

Pero esto es lo que hay, ya que casi 40 años de lucha por una educación, política y economía coherentes y justas no han llegado a convencer las estrechas y egoístas mentes de los legisladores. Y, además, muchos de los miembros no profesionales, incompetentes o malos de los tres sistemas, se alegran de poder medrar en esta situación, ya que una situación de exigencia de profesionalidad, eficacia y actitud positiva y solidaria les excluiría.

Consecuentemente, mientras no haya una verdadera revolución que cambie las cosas, nos adaptamos a la realidad. Por esto fui uno de los fundadores de la AOIB y uno de los defensores a muerte de las funciones de los orientadores/as (sean psicólogos/as, pedagogos/as, o historiadores/as o cualquier profesión) y de los departamentos y servicios de orientación, ante las cerriles administraciones que propugnaban una educación selectiva y elitista (las administraciones socialistas no han resultado mucho mejores, en este aspecto, que las de Aznar). No obstante, en estos últimos tiempos, y de acuerdo con lo que me cuentan muchos compañeros/as orientadores/as, en muchos centros de las Illes Balears, se ha reducido la consideración por parte del sistema educativo de centro, de las funciones más específicas de orientadores/as y Departamentos. Algunos directores se sienten iluminados por el Espíritu Santo pedagógico y toman decisiones sobre agrupamientos, programas,... sin tener en cuenta el criterio profesional del orientador/a, ni del resto del departamento de Orientación (esto, evidentemente, ocurre más en los centros públicos en los que la dirección tiene menos presión de exigencia de coherencia pedagógica, por la formación pedagógica por parte de los padres).

Dentro de este retroceso pedagógico constato, estos días, un hecho muy importante a destacar en la buena dirección pedagógica: "El instituto para la convivencia y éxito escolar" de Illes Balears, en el que el primer técnico es un amigo, otro de los fundadores de la AOIB, organiza, para este verano, unas clases de recuperación para alumnos de primer ciclo de ESO que se desarrollarán en varios Institutos de Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera: En cada Instituto habrá dos profesores/as profesionales, uno/a les dará clase de matemáticas, lengua castellana y lengua catalana, el/la otro/a será un/a orientador/a que les asesorará su organización y forma de estudio para mejorar su rendimiento escolar.

Antoni Ramis Caldentey

http://mallorcaweb.net/arc98

4 de julio de 2009

comentario

muy buen articulo

Psicopedagogía.

Las comillas, sobre la primera vez que figura dicho texto, ya son una declaración de intenciones. Seré directo:

El planteamiento de toda la exposición versa sobre la urgente necesidad de profesionales de la eduación. Totalmente de acuerdo, la formación psicopedagógica y una adecuada especialización en función del cargo a modo de máster y experiencia.

La necesidad de un "psicólogo" escolar, por supuesto, creo que con la formación recibida por la mayoría de universidades de este país, puedan abarcar mas campo que la atención individualizada anclada en un primitivo efoque de servicios.

No mas demagogía con la antipsicopedagogía, ya está bien.

Malestar orientador

Lo que yo veo, es malestar, ese malestar es intrínseco a un modelo o sistema educativo donde nos colocaron y al que hemos contribuido a transformar, pero que no nos produce satisfacción, porque el profesorado tiene una visión (generalizando) poco global, muy centrada en sus clases y su bienestar individual. Creo que superar ese malestar supone una actitud realista de ir paso a paso en una dirección. Somos unos modestos (que no molestos) profesionales con una formación y experiencia (cada uno la suya) muy concreta y, por supuesto, ni sabemos de todo, ni somos magos.