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En estos últimos tiempos, compañer@s, y no sé, si debido a la edad o a las circunstancias, me he sumergido en un proceso de reflexión y toma de conciencia sobre la institución socio-política que es la escuela y nuestro "papel" en ella. Reconozco que mi formación inicial era de psicólogo, por lo que reflexiones muy sesudas sobre la institución escolar no tuve en mis estudios; creo que los compañer@s pedagogos han tenido esta ventaja.

Que el crecimiento personal pasa por la toma de conciencia es algo, para mi, palmario. En este día a día alocado de los IES y EOEP´s, creo que hay poco tiempo para la reflexión y, por lo tanto, para la toma de conciencia, que nos haga más conscientes de lo vivido (como profesionales de la educación) y de lo que nos queda por vivir.

Quiero compartir con vosotros un libro pequeño, pero muy interesante, que creo que muchos conoceréis, pero otros muchos no. El libro es de Mariano Fdez. Enguita. Había leído algunos artículos muy lúcidos de él y, le había escuchado en el III Encuentro de Orientadores (Zaragoza). Es un libro de 1990, justo antes de la llegada de la LOGSE, por lo que ya tiene dos décadas (¡qué mayores!). Me hubiera encantado leerlo mucho antes, pues sus planteamientos me hubieran hecho entender muchas cosas, que viví (y vivo). Se llama "La escuela a examen" (EUDEMA o PIRÁMIDE). Su planteamiento es sociológico; con una visión social de la escuela como parte de las dinámicas políticas, laborales y económicas de la cultura occidental capitalista. En especial, nos deja claro que la escuela no garantiza la igualdad de oportunidades, por mucho que sea uno de nuestros adorados mitos, sino que crea las condiciones para reproducir y clasificar la materia prima humana (para el servicio del capitalismo, y con la promesa del ascenso económico y social).

Las desigualdades de origen se reproducen en la escuela. La escuela se convierte en una fórmula para justificar por la vía de los méritos las desigualdades. Los capitalistas, burgueses y propietarios mantienen las distancias por vía de su posición económica. Vamos, que cuando el hij@ del obrero llega a la universidad, esta ya está descafeinada y no asegura nada, por lo que se establece una nueva frontera, cuando no, se explota a una población "sobre-educada", en un mercado laboral competitivo y raquítico. Lo que no quita el mérito (a la escuela) de la mejora de las condiciones personales de formación y elección, pero no respecto a lo que supuestamente promete con los títulos. Transformar la escuela pasa por educar a las personas, como tales, a formarlas para todos los entornos (personal, social, político, familiar y laboral) sin rigideces y no crear simple fuerza del trabajo.

Bueno, muy interesante a pesar de las dos décadas pasadas. Un saludo. Feliz Carnaval. 

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 http://www.elpais.com/articulo/opinion/formacion/paro/elpepiopi/20100206elpepiopi_10/Tes